Me recibe con su puerta de Alcalá toda imponente o con su Cibeles en medio de un caos automovilístico. Muchos dicen que no tiene encanto por ser la capital y tener demasiada población. Otros como yo opinan que ella misma hace caso omiso a su condición de capital y es capaz de ofrecerte lo mejor de muchos sitios; desde lo más cosmopolita hasta esas vistas de la sierra nevada en invierno que recuerdan a los pueblos europeos más recónditos.
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| Puerta de Alcalá (click para ver más grande) |
Una vez me encontré diciendo en medio de la calle que había tanto que mirar y tanto que hacer que ya no tenia ganas de mirar ni de hacer. Sin embargo, no fue un sentimiento negativo, fue más bien un sentimiento de confort. El saber que Madrid está allí para ti, llena, plena, "a tope" con elementos de toda índole me causó tranquilidad aunque parezca contradictorio. No es una ciudad fácil, hay que saber llenarse de esa paciencia necesaria para recorrerla y no dejarse abrumar. Hay que pensar, mientras se recorren sus calles, que hay tiempo para todo, y que si no lo hay se conseguirá.
Madrid es digna de ser admirada, de no pasar por alto ni un centímetro de su geografía, de entrar en cuanto "garito” o “chiringuito” se te atraviese, eso sí, saboreando bien las cañas, la sidra o el vino. Sin apuros, sin tapujos. Ella siempre estará allí. Pero no te descuides, en un abrir y cerrar de ojos puede cambiar su faceta y ofrecerte más de lo que ya te ofreció una vez.
Madrid es digna de ser admirada, de no pasar por alto ni un centímetro de su geografía, de entrar en cuanto "garito” o “chiringuito” se te atraviese, eso sí, saboreando bien las cañas, la sidra o el vino. Sin apuros, sin tapujos. Ella siempre estará allí. Pero no te descuides, en un abrir y cerrar de ojos puede cambiar su faceta y ofrecerte más de lo que ya te ofreció una vez.

